CAPITALISMO

      Y EMANCIPACIÓN NACIONAL Y SOCIAL

      DE GÉNERO

      Iñaki Gil de San Vicente


      4-6).- ECONOMIA DEL TIEMPO DE TRABAJO Y OPRESION DE LA MUJER:

      Si algo diferencia cualitativamente la situación de la mujer bajo el capitalismo de sus situaciones bajo anteriores modos de producción, es que en el primero están sometidas a una temporalidad más intensa y más veloz. Ello es debido a que en el capitalismo es de decisiva importancia la economía del tiempo de trabajo, es decir, el intento de abreviar la duración de todos los procesos parciales que constituyen el proceso global de acumulación ampliada del capital. Esta obsesión por la rapidez es consustancial al capitalismo, aparece antes que la formación de la primera familia patriarco-burguesa y va unida a una dinámica en la que destacan dentro de la expansión de la economía dineraria y de las mercancías que la sustentan, algunos factores decisivos que son impulsados por esa mercancía expansiva y a la vez la impulsan, siendo de estos los más importantes la generalización del reloj, la mejora del transporte, la aparición de la letra de cambio y la aparición de la imprenta. Como vemos, son cuatro factores con directa responsabilidad en la superación capitalista de la unidad espacio/temporal del feudalismo y en la paralela instauración de una unidad diferente, necesaria y adecuada a la creciente velocidad de la acumulación capitalista.

      La formación de una unidad espacio/temporal burguesa diferente a la feudal iba a crear más temprano que tarde una nueva familia capaz de generar la estructura psíquica burguesa acorde con las necesidades mercantiles entonces existentes. Sin la construcción patriarco-burguesa de su estructura familiar hubiera sido imposible el desarrollo capitalista a partir de un determinado nivel de complejidad. Los cuatro factores citados -reloj, transporte, letra de cambio e imprenta- tendrán desde entonces una importancia decisiva en la evolución de todas las formas de familia que existen en el capitalismo. Aunque sus transformaciones económicas, sociales, técnicas y científicas - se irán dando bajo el impulso de las contradicciones capitalistas con ritmos propios pero siempre dentro de un desarrollo desigual pero combinado, aunque sea así nunca romperán sus relaciones con las familias y menos con la unidad espacio/temporal capitalista. Al contrario, aumentarán sus presiones conforme el capitalismo mercantilice la totalidad de la existencia social.

      En realidad, la obsesión por la economía del tiempo de trabajo surge de la necesidad de recortar el tiempo de rotación del capital, que es el tiempo que tarde en realizarse el circuito completo que va desde el inicio de la producción hasta el final del proceso entero, cuando el capitalista contabiliza sus ganancias totales y observa que el capital inicial se ha incrementado en la magnitud de la plusvalía. El tiempo de rotación del capital está formado por el tiempo de producción, es decir, el que se tarda en producir la mercancía, y el tiempo de circulación que es el que se tarda en venderla y convertirla en dinero. El capitalismo necesita reducir los tiempos de la producción y de la circulación, y para ello introduce toda serie de novedades y mejoras técnicas, nuevas y más estrictas disciplinas laborales, nuevas y mejores redes de transporte, etc. Inevitablemente las familias se ven zarandeadas por esos cambios no teniendo más remedio que adaptase a ellos, o hundirse en la ruina. Antes de que se acelerara el ritmo de innovación tecnológica desde finales del siglo XVIII, uno de los factores fundamentales en la expansión burguesa fue el de las mejoras de los sistemas de medir el tiempo, en los sistemas de transporte, en la agilización del manejo y contabilidad del dinero y en la rapidez de transmisión del conocimiento. Vemos que en los cuatro factores la reducción del tiempo es una necesidad imperiosa que nos remite, en última instancia, a la economía del tiempo de trabajo. Pero tras la revolución industrial, esas mejoras no han hecho sino multiplicarse si bien siempre sometidas a las contradicciones, crisis y conflictos de todo tipo.

      Por ejemplo, la mejora en el transporte no ha supuesto, por lo general, una reducción del tiempo medio dedicado a trasladarse de casa al trabajo y volver. El caos urbanístico ha sido una causa en ese aumento del tiempo pero las razones fundamentales vienen de la desaparición de las barriadas industriales en las que las viviendas obreras estaban cerca de las fábricas y del retroceso de derechos laborales y sociales que garantizaban la estabilidad geográfica en el puesto de trabajo. El alejamiento y centralización de grandes superficies, hipermercados, servicios sociales, sanitarios, asistenciales, administrativos, deportivos, culturales, universitarios, etc., esta desestructuración de la unidad espacio/temporal de la clase trabajadora causada por el ataque burgués a la centralidad del movimiento obrero ha supuesto una aumento del tiempo dedicado a trasladarse para cuestiones necesarias. De entre todas las personas de la familia, es la mujer, la madre en especial, la que paga las consecuencias de ese aumento del tiempo dedicado al transporte, y debe recuperarlo con la intensificación de la productividad de su trabajo doméstico, en donde también rige la economía del tiempo. La mejora en los electrodomésticos y el aumento de mercancías preparadas o semipreparadas que anteriormente se hacían en casa, ha servido para economizar esfuerzo físico pero no el creciente esfuerzo psicológico de la mujer en casa.

      La agilización en el manejo y contabilidad del dinero que supuso la invención de la letra de cambio abrió los senderos que condujeron al crédito como antesala de la actual financierización de la economía. Sus repercusiones en el consumismo son innegables como innegables sus efectos negativos sobre las mujeres. Pero esto es sólo una parte del problema porque la otra consiste en que el tiempo de la economía financiera se ha constituido en uno de los tiempos decisivos en la rotación del capital, ya que este es industrial, comercial y/o financiero. Así, la temporalidad de la familia trabajadora ya no está sólo sujeta al horario laboral del marido y al del consumismo, que depende del horario comercial, más las presiones más o menos puntuales del tiempo de pago de las compras a plazos. Ahora, con las tecnologías que permiten una relativamente fácil obtención de tarjetas de crédito, formas varias de financiación, etc., con eso a muy corto plazo se agudiza el problema del control de los plazos de pago, del tiempo de pago, y aunque el capital financiero y el capital comercial -bancos y grandes superficies e hipermercados- tienen formas de cobro automático según los plazos convenidos, la realidad es que la familia ha de ser bastante más rigurosa en el control de sus gastos y pagos que antes, cuando casi todo se pagaba al contado o se fiaba, o incluso cuando surgieron los primeros pagos a letra de cambio. No hace falta decir que la mujer ve aumentadas sus obligaciones al respecto.

      La imprenta ha sido desde su aparición un instrumento clave en el adoctrinamiento de la mujer para que cumpla con su "esencia femenina". La familia patriarco-burguesa se constituyó, entre otras cosas, alrededor de la Biblia protestante como libro ordenador de la vida cotidiana, con los tiempos dedicados a la meditación de sus contenidos, órdenes y mandamientos. Su variante, la familia pequeño-burguesa, se constituyó, entre otras cosas, alrededor de textos religiosos pero ya más especializados sobre las formas de administración de la familia, de los deberes de sus componentes y sobre todo de la madre y de las hijas. La familia patriarco-obrera, más tardía en su aparición, tuvo estas mismas presiones educativas, con biblias especialmente resumidas y comentadas para las madres trabajadoras, pero en algunos casos dispuso de pequeños textos alternativos y hasta críticos provenientes de organizaciones de izquierda.

      No hace falta decir que el feminismo no hubiera existido sin la imprenta, pero ahora lo que nos interesa es saber cómo ésta ha sido un instrumento de adecuación de las relaciones patriarcales a las necesidades del capital y de las clases sociales. En la actualidad uno de los recursos más efectivos en la alienación de las mujeres es la estrecha simbiosis entre telebasura y "revistas del corazón", con sus espacios sobre problemas familiares, económicos, afectivos y psicológicos, sexuales e "íntimos", sanitarios, educativos, etc. Una malla argumental que sostiene esos espacios es la de preparar a las mujeres para la vida "moderna", para las nuevas exigencias del trabajo asalariado, para ayudar a la educación de l@s hij@s y a los problemas del marido, para "orientarle" en la administración del hogar.

      Como resumen de los efectos anteriores y a la vez como fuerza directriz que dirige a los demás, nos encontramos con la dictadura de la temporalidad burguesa, que no es sino la expresión cotidiana y vivencial de la economía capitalista del tiempo de trabajo. Semejante realidad objetiva es la que impone que la referencia básica sea la del vértice superior de la pirámide clasista con las relaciones patriarcales que le apoyan internamente. La familia patriarco-burguesa, como imagen y modelo oficial que pretenden imitar las otras familias existentes en el capitalismo, queda supeditada a la dictadura del tiempo y ya en concreto, a la necesidad de controlar el tiempo no sólo con los relojes situados en casa, con los horarios de vida familiar desde el desayuno hasta la cena, etc., sino fundamentalmente con la supeditación incondicional al tiempo de rotación del capital, asumiendo todos los esfuerzos para facilitar su acortamiento. Dado que la institución familiar patriarco-burguesa es históricamente inseparable de la expansión de la unidad espacio-temporal capitalista, en su núcleo genético-estructural palpita la identidad de intereses entre la familia y el capital.

      El componente patriarcal proveniente de la cultura indoeuropea y grecorromana, aparece en la propia definición de la economía como administración de la casa, del hogar, sea este en forma de linaje, familia amplia, familia campesina, familia burguesa, etc. Pero es el componente capitalista el que se ha impuesto sobre el viejo elemento patriarcal supeditándolo y adaptándolo a sus intereses, y desarrollando así una unidad espacio/temporal nueva acorde con la economía capitalista del tiempo de trabajo. Ese segundo componente en la secuencia cronológica, es el que explica que la familia patriarco-burguesa no identifica familia y riqueza como ocurría en las familias preburguesas, sino familia y tiempo de rotación del capital. La diferencia es cualitativa porque una cosa es la riqueza y otra es el capital. Para comprender mejor esa diferencia tendríamos que recurrir a la concepción marxiana del materialismo histórico y, dentro de éste, del concepto de modo de producción. A partir de esa diferencia entre riqueza y capital podemos entender otras diferencias entre usura y beneficio, prodigalidad y ahorro, ostentación e inversión, etc., con sus consecuencias inevitables sobre las normas, regulaciones y disciplinas corporales, costumbristas, higiénicas, sexuales, amorosas, afectivas, paterno-filiales, culturales y un largo etcétera que expresan la diferencia entre la burguesía y las anteriores clases dominantes, así como los cambios introducidos por el capitalismo en las relaciones patriarcales preexistentes.

      La familia patriarco-burguesa es una pieza clave en la reducción general del tiempo de producción al asumir en su cotidianeidad privada tareas coercitivas que le supondrían al capital gastos represivos, alienadores e integradores tremendos. Así la familia es una pieza insustituible en el descanso y recomposición de la fuerza de trabajo, en el impulso sistemático y a veces desesperado que imprime al estudio y capacitación tecnológica para aumentar la productividad del componente intelectual de la fuerza de trabajo, en la aceptación colaboracionista de las horas extras, en la vigilancia tiránica de la puntualidad para llegar al trabajo y completar el horario laboral. Sin esta disciplinarización permanente de la fuerza de trabajo social, el capitalismo tendría grandes dificultades de orden público para reducir el tiempo de producción. Además, su importancia aumenta día a día en lo que respecta a la reducción del tiempo de circulación y en especial a su fase de realización de la plusvalía, con el consumismo compulsivo como práctica decisiva, lo que le lleva, por último, a un aumento de su importancia en la financierización no solamente de la economía sino de la cotidianeidad, fenómeno este que ahora empieza a extenderse y que ya nuestra algunos efectos alienadores específicos que no podemos analizar aquí.

      No hace falta decir que, de un lado, la mujer y sobre todo la madre es vital en todas las exigencias y disciplinas de horario que garantizan la reducción del tiempo, y de otro lado, que es vital el rigor en el trabajo doméstico para asegurar que los demás cumplan con sus tiempos correspondientes. Así, sobre la madre recae la responsabilidad última de que su familia cumpla con la economía del tiempo de trabajo asalariado. Las consecuencias de esa permanente vigilancia sobre su misma vida, requisito inexcusable para poder facilitar el tiempo de los demás, descargándoles de tareas que les retardarían, no hacen sino desgastarle física, psicológica y emocionalmente. Lo que ocurre es que el modo de producción capitalista ha llevado la expropiación del tiempo propio de la mujer por el hombre a cotas imposibles de alcanzar en los modos de producción anteriores, que no se basaban en la máxima economía del tiempo de trabajo.

      La mujer es expropiada de su tiempo propio y debe, simultáneamente, ser la vigilante que impone a los demás que cumplan con su tiempo asalariado.

      Esa obligación le viene impuesta por el componente patriarcal y tiene el efecto perverso de que refuerza la apariencia de libertad de la mujer, de que no es oprimida, ni explotada ni dominada ya que, día a día e incluso aunque trabaje fuera de casa, es ella la que prepara, ayuda, facilita, vigila, fuerza y reprocha a los demás para que cumplan con sus respectivos horarios, siempre bajo la delegación del marido. Esa diferencia es la que explica que en la familia patriarco-burguesa la mujer sea la que menos tiempo propio tenga en realidad aunque, en apariencia, sea la que más tiempo disponible tenga, precisamente porque no existe el tiempo de trabajo doméstico al no verse reflejado en la ley del valor-trabajo, como hemos intentado explicar.


      5.- MUJER, OBEDIENCIA Y NACION.

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